¿Qué pintamos los abogados en la Justicia?


Lo primero que se nos viene a la mente cuando estamos haciendo referencia a un abogado, de los que actuamos ante los Tribunales de Justicia, es la de una profesión respetable.  Honorable incluso.  Las mentes más difíciles de convencer, las díscolas por naturaleza, rebeldes sin causa, estará en estos momentos pensando que cuando se habla de abogados, ve todo lo contrario a lo que he dicho: ¡unos piratas!  La causa de todos los males de la humanidad.  Y también, si se me permite el exabrupto: ¡unos hijoputas!

Un agente de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado en su declaración ante el Tribunal en una vista oral por una causa penal debió señalar con vehemencia que: “los abogados de la defensa son un auténtico freno para la investigación de los delitos”.  El presidente del Tribunal le dejó un divertido aserto, ilustrativo a la par que pedagógico: “Sepa Vd, que hasta los coches de Fórmula 1, por muy rápidos que puedan ser, sin frenos no valen para nada”.

Los juristas, desde tiempos de la antigua Roma, resultaban ser personas eruditas, máxime cuando no era generalizado el tener una licenciatura.  Y digo cursandola.  No como muchos políticos se adjudican “alegremente”, no se sabe muy bien por qué.  Dado que, hoy día ser licenciado en derecho no otorga el extraordinario prestigio de antaño.

Aún no hace muchos años, en películas, de esas de abogados, que se ven en blanco y negro, y que son referente del cine de juicios y Tribunales, al abogado se le tiene un respeto y una deferencia acorde con la dignidad de aquellos antiguos jurisconsultos romanos.  Son de sobra conocidas: Matar a un ruiseñor, Testigo de cargo…  Basta rememorar esas ineludibles films del género, atendiendo a qué trato se le da al abogado por todos y cada uno de los operadores jurídicos (jueces, fiscales…) y por el público en general; para ver, que de aquel trato honorable no hay atisbo alguno que pueda apreciarse en estos días en la Administración de Justicia española de hoy.

“La gente de Justicia”, de Honore Daumier (1808-1879)

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_ Todavía sólo ha perdido en la Corte Real…  y se lamenta como si no le quedara aún el Tribunal de Casación!…

Hoy día, los abogados en los Tribunales españoles somos, perdonen la sinceridad, el “último mono” al que, por imperativo legal, constitucional en realidad, Su Señoría se ve obligada a dar turno de palabra, de pregunta o repregunta, etc.  para “librar” o esquivar la indefesión que pudiera provocar, todos los obstáculos o impedimentos que limiten el ejercicio del derecho de defensa.  Es habitual, percibir en la actitud de los compañeros de estrados, que en realidad lo que el abogado diga o deje de decir, no cuenta para nada, salvo para aceptar una conformidad que ofrece el Ministerio Fiscal, o en los casos ajenos a todo lo que vengo a decir en estas líneas, como es en la jurisdicción civil, donde las partes son todas abogados, y aún así, Sus Señorías se salen por peteneras muchas veces para marcar la diferencia y mostrar, que una vez aportados los hechos al Juzgador, el derecho le sólo competencia suya.  Y cierto es que si alguien debe ser considerado experto en derecho es el Juzgador, así lo confirma el aforismo romano iura novit curia (el juez conoce el derecho), y que viene a decir que no es necesario que a Su Señoría se le ilustre del derecho aplicable, o de la jurisprudencia que lo desarrolla, y menos aún, se le dé una clase magistral por los letrados.

Lo cierto es que, en el sistema actual, no parece posible excluir la figura del abogado, que defiende intereses particulares, distintos a los que el resto de operadores defienden, y con funciones distintas, para que todas ellas, incluida la del abogado de la defensa, juntas, coadyuven a un mismo fin: la Administración de Justicia.  Como dijera el malogrado compañero Don Angel Gaminde Montoya, en una publicación de la revista que dirigía “Res publica”, en homenaje a la Magistrada María Jesús Erroba, quien hubiera sido durante años, presidenta de la Sección 2ª de la Audiencia Provincial de Bizkaia, que se agradecia de aquella, cuanto menos, la curiosidad inicial con que siempre tiene que partir el Magistrado, que le induce a escuchar a las partes para ver si tienen algo interesante que decir.  Recordaba en una brillante frase: que dicha inquietud y curiosidad es esencial en la labor del Juzgador, porque “un Magistrado sin curiosidad es sólo medio Magistrado”.  Efectivamente, si sólo atiendo a los motivos y pedimentos del Ministerio público, sin escuchar al abogado de la defensa con la suficiente atención, limitándose a oír lo que dice; en realidad al ¡visto para Sentencia!, en realidad sólo ha visto medio juicio.

Se proyecta ahora la reforma del proceso penal.  Otra vez.  Vigente aún la Ley de Enjuiciamiento criminal de 1882El Gobierno parece querer tomarse en serio la reforma integral del sistema que esperamos hace tiempo, y que no está exenta de dificultades técnicas, dado que proyecta una reforma total del sistema, estableciendo, no sólo un procedimiento totalmente nuevo, sino incluso con la reforma de las atribuciones competenciales entre fiscalía y judicatura en cuanto a la instrucción de los asuntos por la Fiscalía, todo ello, con el necesario establecimiento de juzgados con funciones y competencias nuevas, y eliminando los Juzgados actuales (de lo penal, de menores, de instrucción, las Audiencias provinciales…).  ¡La pera limonera!  Un berenjenal para el que el Gobierno ha formado una comisión de juristas que estudie la formulación del borrador de dicho faraónico proyecto.  Claro, a quién iba a nombrar en dicha comisión ¿a arquitectos? ¿a barrenderos? obviamente a juristas, duchos en esta materia.  Parece lógico y normal.  La noticia de la que dejaré luego enlace anuncia que: el Ministerio de Justicia ha nombrado ya a la comisión que elaborará el anteproyecto.  Sigue la noticia concretando: “Cinco fiscales, tres magistrados y dos profesores de Derecho procesal integran el grupo de expertos, coordinado por el magistrado de la Audiencia Provincial de Madrid, que presidirá el órgano”.  Por supuesto, sin entrar a valorar el adecuado nombramiento para la encomienda de dichos miembros, sí que se echa de menos algún operador jurídico que es imprescindible en todo juicio penal, ¿adivinan cuál?  Efectivamente, no hay ningún abogado entre los expertos que alumbraran el nuevo proceso penal.  Sin embargo sí se incluyen curiosamente profesores de derecho procesal.  Y digo curiosamente, porque el derecho procesal es eminentemente práctico, y sin desmerecer las aportaciones que desde la cátedra, y el ámbito de la Universidad, se puede dotar al nuevo proyecto, sería como si hubiéramos “fichado” a un buen cirujano teórico, que nunca ha cogido un bisturí ni para abrir una carta.  Muy al contrario, sin duda será enriquecedora su aportación.  Pero, primeramente habría que reunir a quienes están todos los días en “trincheras”, y que conocen el día a día del procedimiento, y lo más importante: del procesado.  Porque, ¡al loro!, el proceso penal, tiene por objeto el procesar a personas por la comisión de delitos para la imposición de una pena, como ejercicio legítimo y exclusivo del ius puniendi del Estado.  Pues ¿sabemos quién es el que vela por los derechos, y sobre todo, los intereses del detenido, encartado, encausado, imputado, investigado, procesado, acusado y al final: condenado?  Pues el abogado de la defensa es el único que ejerce tal labor.  Por tanto, se está proyectando una nueva ley que afectará a determinado colectivo que no tiene voz ni voto en dicha elaboración.  La fiscalía y la judicatura, velarán también por la legalidad y por los derechos del acusado y por el respeto de las garantías del proceso en todo momento, sí.  Pero su labor es más de garantes últimos, que sólo actúan ante fragrantes vulneraciones de derechos.  Es el abogado del acusado quien le defiende.  Pues no parece que la comisión que ha creado el Ministerio de ¿Justicia? considere que los abogados defensores tengan nada interesante que decir.  ¿Por qué?  Quizás porque somos prescindibles, tal y como se consideraba John Rambo en ; cuando explicaba qué significado tenía dicha palabra: PRESCINDIBLES.  Decía que es: “como cuando hay una fiesta, no vas, y nadie se ha dado cuenta”.  Así están las cosas.  En el programa de La 2 Imprescindibles, está claro a quienes no van a ver.

Muchos artículos se hacen eco de esto, pero ¡aquí no ha pasado nada!  la vida sigue igual, como diría Julio Iglesias.

Dejo unos cuantos enlaces interesantes.  Para el que le guste leer.

En la ciudad de Vitoria-Gasteiz, a 27 de mayo de 2020, en fase 2, esperando los “encuentros en la 3ª fase”.

https://www.abogacia.es/actualidad/noticias/justicia-constituye-la-comision-que-elaborara-el-anteproyecto-de-la-nueva-ley-de-enjuiciamiento-criminal/

La insoportable levedad de la Abogacía Española: Carta abierta a la presidenta del CGAE, Victoria Ortega

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