ENALTECIMIENTO TERRORISMO: ARTÍCULO 578 CP


El presente artículo, por su interés, y su salida de lo común y de lo que viene siendo tesis de la doctrina que emana de la Sala Segunda del Tribunal Supremo en cuanto a la interpretación del controvertido artículo 578 CP que sanciona y castiga lo que, dentro del excepcional foro que supone la competencia de la Audiencia Nacional, se conoce como Enaltecimiento del terrorismo, y que en este blog otro artículo viene a analizar, y que dejo el enlace para quien quiera saber más:

https://ogueta69.wordpress.com/2015/03/29/enaltecimiento-del-terrorismo-y-las-gafas-con-las-que-se-mira-de-soldador-a-veces

En concreto, este artículo surge del personaje público cuyo efecto “alta voz” resulta noticiable dado que se trata de un personaje público, en el entorno de las redes sociales, en concreto Twitter, por unas frases que encuentran en lo público del personaje, una mayor y más especial atención, así como una especial beligerancia en la defensa del acusado que, cuando resulta un personaje público, no suele ser frecuente que acabe conformándose, quizás por el contenido mismo de mea culpa que implica y requiere y de la que huyen estas personalidades.  Me estoy refiriendo a una Sentencia que absolvió a Cesar Strawberry, del grupo de música DEF CON DOS, y que en causa casacional el Tribunal Supremo viene a condenar una Sentencia absolutoria, con la dificultad y excepcionalidad que este hecho conlleva.  Dejo también un enlace, de entre tantos, sobre la noticia a fin de informar a quien no conocía la noticia a la que me refiero:

http://www.elespanol.com/personajes/cesar_strawberry

Lo que interesa a este artículo, que tiene el obvio enfoque jurídico, ajeno al enfoque morboso o de “canción protesta” de mis palabras.  Nunca mejor dicho.

La Sentencia del Tribunal Supremo de la Sala Segunda 4/2017 es la que resuelve el debate jurídico planteado por unos hechos en los que, en síntesis, el acusado había tuiteado unas expresiones que se expresan concretamente en el factum de la Sentencia de instancia dictada por la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional que vino a absolver al acusado, en base a la convicción del Tribunal en cuanto a que el acusado no tuvo, o no quedó acreditado, que tuviera una intencionalidad expresamente destinada a loar o vanagloriar el terrorismo, y aún menos, a dar aliento a quienes ejecutaban actos de terrorismo, ni pretendía animar a nadie a que ejecutara hechos de esa índole. Concreta la Sentencia de instancia la base que forma su convicción de las manifestaciones que la prueba de un informe pericial articulado por la defensa, junto con el hecho de que muchas de las personas y circunstancias a que se referían las expresiones controvertidas resultaban personajes históricos, concreta igualmente que se refiere a una banda terrorista como el GRAPO, que a día de no operaba; y en definitiva, venía a recoger el apartado de hechos probados, la expresa mención a que no quedó acreditado que las expresiones se publicaran con ninguno de los móviles que acabo de explicitar.  STS 2ª 4/2017

El Fiscal se alza contra la Sentencia absolutoria invocando el cauce del error iuris del artículo 849.1 LECr y que exige, en buena técnica jurídica, la incolumidad del relato de hechos probados, sin que pueda, de ninguna manera, serle adicionada ninguna interpretación valorativa para que, de conformidad con la Doctrina rigurosa fijada por la STC 167/2002 no requiera en estos supuestos dar Audiencia a quien se pretende perjudicar en su situación jurídica -el recurrido-absuelto- lo que llevaría a la vulneración de las exigencias de un proceso ecuánime según la doctrina heredada del TEDH en su artículo 6 CEDH, vulneración del artículo 24.1 CE en relación a la tutela judicial efectiva.  Esta resulta ser una de las excepciones que no requieren tan rígida exigencia, que es ajena al ámbito casacional, y por tanto nada hay que objetar a que en esta instancia y dentro de un estricto debate jurídico las partes, representados por sus abogados actuando como dirección técnica, sin que resulte necesaria la presencia del recurrido aporte nada nuevo.

En primer lugar explica que resulta decisivo entender el concepto de dolo en el tipo penal que se analiza en el caso.  El dolo del sujeto activo se colma con el hecho de que se acredite que conocía, y era consciente de lo que estaba publicando, de que igualmente es conocedor del impacto divulgativo del medio empleado, y del hecho objetivo de que las expresiones publicadas puedan ser consideradas como capaces de generar la conducta de humillación o enaltecimiento del terrorismo.  Que fuera del ámbito del tipo penal, y por tanto, resulta irrelevante en cuanto a las consecuencias jurídicas que de la Sentencia se puedan derivar, que se explicite y aún menos se acredite el móvil o motivación final de quien publica tales expresiones objetivamente capaces de afectar a la dignidad de las víctimas a que se refieran las publicaciones.  Es por ello que no es óbice para la condena en este cauce de la expresión en el factum de la Sentencia absolutoria que señala que no quedó acreditado que el acusado quisiera alabar, apoyar, alentar, o provocar en el público, las conductas descritas en el capítulo en el que se sitúa el tipo penal: relativos al terrorismo.  El dolo sólo exige como elemento del tipo ese conocimiento, y por tanto, la verdadera intencionalidad o el objetivo final, no forman parte de los elementos del tipo, y en consecuencia, resultan jurídicamente irrelevante: ocioso.

VOTO PARTICULAR FORMULADO POR EL EXCMO. MAGISTRADO PERFECTO  ANDRÉS IBAÑEZ

Sin embargo, lo que más me ha llamado la atención, gratamente debo señalar, es el Voto particular contenido en la citada resolución y que firma el Excmo. magistrado Perfecto Andrés Ibañez, y ello porque defiende, al amparo de una firme convicción, una tesis que dista mucho de la doctrina que marca la Sala de la que es miembro.  Señala en tan novedoso, como interesante pronunciamiento que: “Lo que mueve este voto particular es, sencillamente, la convicción de que ningún derecho penal de inspiración constitucional y democrática puede ser potestativamente expansivo.  Y que cuando ya las propias disposiciones legales acusan este grave defecto -presente de forma paradigmática en legislaciones como la antiterrorista, denunciada, no sin fundamento, como una suerte de derecho de excepción- es función del intérprete-aplicador, el judicial sobre todo, contener tal recusable desbordamiento de la que, por su virtud deja de ser última o extrema ratio.  Las frases […] publicadas por Luis Miguel recogidas en los hechos probados son, ciertamente, de su personal responsabilidad, pero, como fenómeno no constituyen un dato aislado.  Por el contrario, resultan ser fielmente expresivas de la subcultura de algunos grupos sociales, integrados perfectamente por sujetos jóvenes, duramente maltratados, en sus expectativas de trabajo y vitales en general, por las crueles políticas económicas en curso desde hace ya un buen número de años.  Forman, pues, parte de una manera difusa de reaccionar, de contestar, aquí exclusivamente en el plano del lenguaje, la cultura de un establishment del que, no sin razón, se consideran excluidos.  Es, por decirlo con el vocablo a mi juicio más adecuado, un modo de épater (sic.).  Esto es, de provocar o de escandalizar (como explica un diccionario sumamente autorizado).  No van, ni deben llevárselas, más allá”.

Foto-Perfecto-Andres.jpg

Expone un enfoque tan valiente, como comprometido en la interpretación del derecho penal; con voluntad divulgadora, doctrinadora diría yo; belicosa con la tesis imperante en la Sala, a quien indirectamente reprocha la debilidad que hace olvidar en algunos casos, esos principios básicos y elementales que nuestra sociedad declara como punto de partida mínimo y fundamentos del orden político y la paz social.  Considera que es su deber mantener el más estricto compromiso con los principios generales, que en ocasiones parecen verse afectados por una interesada amnesia temporal, que convierte en garante del interés, a quien debió actuar como garante del derecho.  El principio estricto de legalidad, y más concretamente, en el sentido de respetar una interpretación restrictiva cuando opera en contra del reo.  Respetuoso con tan elemental exigencia interpretadora del derecho penal, señala que el tipo penal traído a estudio incluye en su texto los verbos: enaltecer o justificar, que equivale a “ensalzar”, que es como “engrandecer” o “alabar”, en palabras de la RAE.  Además, debe tenerse en cuenta la ubicación del precepto en el Código Penal: de los delitos de terrorismo.  Finalmente, concreta que estos delitos se refieren a prácticas de quien recurre a la violencia contra las personas o las cosas, para provocar alarma o pánico, haciéndolo generalmente de forma organizada e invocando fines políticos.

Dicho lo anterior, concluye: “no hace falta ningún esfuerzo argumental para concluir que las frases recogidas en los hechos probados no tienen la mínima consistencia discursiva y, según se ha dicho, no pasan de ser meros exabruptos sin mayor recorrido, que se agotan en sí mismos; desde luego, francamente inaceptables, pero esto solo.  Pues carecen, por su propia morfología y por razón del contexto y del fin, de la menor posibilidad de conexión práctica con algún tipo de actores y de acciones técnico-jurídicamente susceptibles de ser consideradas terroristas”.

En la ciudad que me vio nacer, a 30 de enero de 2017.

P.D. ¡Me voy a mojar!  Yo soy de opinión de esa tesis, que podríamos decir supone el compromiso sólido que, al igual que su firmante, me conmina a interpretar el derecho Penal desde un enfoque comprometido con los principios generales que lo rigen hoy, y que han son fruto de la labor constante de cuantos han entregado su experiencia vital, generación tras generación, para disfrutarlos como herencia recibida, y que nosotros igualmente, en la medida de nuestras posibilidades, coadyuvaremos en aportar, por resultar tales principios un auténtico patrimonio de la humanidad.  A mi me los enseñaron, y yo los aprendí, no para aprobar una asignatura, sino como auténtico activo del conocimiento que no puedo sino agradecer, apreciar y respetar.  Yo siempre fui, en mi época de estudiante de derecho, de esos que “se creía de verdad” que las cosas eran como me enseñaban.  ¡Así a mi, me ha ido bien!

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