Juez Calatayud: “Confundir una colleja con un maltrato es una auténtica barbaridad”


Aún sin despegar con nuevos artículos propios, personales, y, cómo no decirlo: “currados”; en lugar de copiados y reblogueados de otros autores, como los que en esta temporada estival vengo publicando, os dejo un artículo con el que me identifico íntegramente y que debiera ser tenido en cuenta y reflexionado profundamente para evitar la palabrería y la populista costumbre de divulgar opiniones de otros -la mayoría- sin saber bien a qué se está uno refiriendo.  Estamos desnaturalizando el derecho, distanciándolo de lo que es su función: regular situaciones reales, únicas y variadas, que se nos presentan en un contexto social del que no podemos evadirnos.  Por pretender ser más “papistas que el Papa”, y siguiendo el clásico movimiento pendular del cambio de ideología colectiva que la historia nos enseña tan a menudo, llegamos incluso a despegarnos de la realidad social del tiempo en el que la norma debe aplicarse, y por ello, se llega en estos tiempos a la frecuente situación de ver interpretaciones de la VIOLENCIA -tanto de menores como la llamada de género- que nada tienen que ver con la verdadera situación, y que llegan muchas veces a malentender el concepto de protección que se busca, considerando cualquier acción irrelevante e irreprochable a ser considerada injusta.  Debemos tener en todo momento presente el atemporal principio de proporcionalidad entre el fin constitucional que se busca preservar, y la consecuencia que se pretende aparejar.  Debemos tener siempre presente la realidad social, y el hecho de que lo que se juzga son situaciones reales, y no meros experimentos de laboratorio.  No todo contacto físico es agresión.  No todo forcejeo es un maltrato de obra.  No todo punto de fricción dentro de una discusión física debe recibir reproche penal, pues deberá siempre operar el principio de ultima ratio del derecho penal, que sólo permite actuar en caso de acciones especialmente graves contra el Orden público.  Más de una vez me he preguntado: ¿Estamos locos?

El magistrado Emilio Calatayud, de 61 años, titular del Juzgado de Menores 1 de Granada, se ha convertido en un referente nacional en su campo. Lo que dice está cargado de la sensatez y la sabiduría que da conocer en profundidad la materia. Pero es que, además, lo hace en “román paladino”, en un lenguaje […]

a través de Juez Calatayud: “Confundir una colleja con un maltrato es una auténtica barbaridad” — Abogados en Vigo.

En la ciudad de Vitoria-Gasteiz a 28 agosto de 2016.

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Un comentario sobre “Juez Calatayud: “Confundir una colleja con un maltrato es una auténtica barbaridad”

  1. Totalmente de acuerdo. Suscribo hasta las comas … estamos perdiendo la perspectiva y hastía un poquito la recurrente intervención paternalista del Estado para controlar, prohibir y sancionar hasta los más nimios comportamientos de sus ciudadanos…

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